miércoles, 23 de junio de 2010

El corazón de una capital

El río Támesis en Londres, el Sena de París, el Tíber en Roma, el Manzanares en Madrid, o los ríos Spree y Havel en Berlín; Muchas de las capitales de Europa son atravesadas por grandes ríos que son, en mayor o menor medida, la causa de su existencia.

Los ríos Spree y Havel de Berlín son, además, un motor de actividad y centro de vida de la ciudad. Navegables en casi todo su recorrido, han permitido el desarrollo de la industria, el comercio, el transporte y la disposición de agua abundante a lo largo de la historia. Hoy en día también actúan como espacio público, acumulando parques, equipamientos, locales nocturnos y restaurante e incluso playas artificiales. Sería impensable la imagen de Berlín sin ellos.
Barcelona, por el contrario, siempre ha vivido de espaldas al Llobregat y el Besòs, ríos que la flanquean, como hizo hasta hace poco con el mar. Aquí siempre hemos relacionado los ríos con fábricas y sus residuos, como si fueran las instalaciones (que no quieres ver) de un edificio. Por fortuna, esto está cambiando gracias a proyectos como el del Besòs, que por fin está revalorizando esta materia prima urbana y enseñando a la población su potencial. Considero que este tipo de proyectos son necesarios para sacar partido a las características únicas que tiene Barcelona: al fin y al cabo, es de las pocas grandes ciudades europeas que, además de ríos, tiene mar y montaña.